Böhm-Chronik



Relato de nuestro primer viaje a Silesia

(Alemania hasta 1945, Polonia desde entonces)

Julio 2001

Escrito por Bertha Medina de Boehm



Con el deseo de que nuestros familiares, amigos y lectores de habla castellana, compartan nuestra extraordinaria experiencia trataré de relatar en mis mejores palabras la semana que pasamos en Waldenburgo y sus alrededores. Guenter regresó a su lugar de nacimento Friedland después de 53 años, con el deseo de reconciliarse con el pasado y en busca de sus raíces y regresó satisfecho.

Aunque a mi esposo Guenter no le gusta viajar en grupo, ésta vez se animó, considerando que su terruño ya no es Alemania y raras son las personas que hablan Alemán, así que nos apuntamos en un tour de 50 personas, la gran mayoría nacidas en Friedland, Silesia, con gusto nos enteramos de que mi cuñado y su esposa también iban a hacer el viaje y nosotros invitamos a Alexander (35), nuestro hijo mayor, quien con gusto aceptó acompañarnos.

Los cinco salimos con dos coches de Pfaffenhofen, Bavaria, en donde viven Alexander y mi cuñado y después de seis horas de viaje llegamos a Rinteln cerca de Hannover. Ahí nos recogió el moderno y confortable autobús que ya traía algunas personas, con nosotros subieron otros diez participantes y recogimos otros grupos en Hannover, Magdeburgo y Dresden. Todavía en Alemania nos paramos a merendar en un restaurante de la autopista, para entonces el grupo ya había entrado en confianza, antiguas amistades se habían identificado, Guenter y Herbert descubrieron antiguos vecinos y conocidos y hasta un pariente lejano. En la frontera lo único que nos detuvo unos minutos, fué mi pasaporte mexicano, pues el agente migratorio polaco tuvo que ir a asegurarse de que no necesitara yo visa.

Entramos a Polonia de noche y por la mañana nos paramos a desayunar a la orilla de la carretera estilo picnic. Abrieron la parte de abajo del autobus que era de dos pisos y sacaron una mesa larga, dos bancas, todo lo necesario para el picnic sin olvidarse del mantel, una canasta de panes de diferentes clases y una bandeja del tamaño de una tina de bebé llena de carnes frías, embutidos y quesos, nunca había yo visto tanta variedad de ellos y todos exquisitos. Después de atiborrarnos de tanta delicia, segimos nuestro camino e hicimos una parada en Hirschberg, visitamos el centro de la ciudad y una iglesia que data del tiempo de la contra reformación, a mediados del siglo XVII. La comida fué igual que el desayuno y como a las 4 de la tarde llegamos al hotel Sudety en Waldenburgo, derecho a la regadera y a la cama, pues para entonces ya llevabamos 28 horas de camino incluyendo las seis que hicimos en coche. A las 7 bajamos a cenar y la sobremesa se extendió por varias horas, pues todos llevaban fotos de cuando vivían en Friedland y empezaron a identificarse en retratos de grupos de escuela y reuniones familiares. Este hotel fué nuestra base por una semana, el hospedaje incluía desayuno y cena.

Al día siguiente, domingo 22, fué la visita oficial a Friedland. Por primera vez, un grupo de alemanes, antiguos moradores de ese lugar fueron recibidos cordial y oficialmente por el Alcalde y el Sr. Cura de la ciudad. La visita comenzó a las 9 de la mañana con una misa solemne, inicialmente habían reservado las primeras bancas para el grupo, pero después se decidió que nos sentaramos entre los parroquianos, lo que fué muy acertado, pues aunque no podíamos platicar con ellos, a señas nos entendimos a las mil maravillas y sobre todo pudimos observar que a la hora del sermón, muchos estaban llorando, principalmente las mujeres y algunos de nuestro grupo que tienen la fortuna de hablar polaco también estaban muy conmovidos, así que nos contagiaron la emoción y hasta a Guenter se le rodaron las lágrimas.

Después nos tradujeron el sermón, que fué muy emotivo y conciliatorio. El padre les informó a los actuales friedlandeses que entre ellos se encontraba un grupo de alemanes, antiguos ciudadanos de éste lugar y les pidió que tanto en la iglesia como en la calle los trataran con cordialidad y que se olvidaran de antiguas rencillas y rencores, pues tanto unos como los otros no eran mas que víctimas inocentes de lo que pasó durante y después de la guerra.

Lo que pasó fué que al terminar la guerra en 1945 llegó el ejercito ruso trayendo cientos de familias polacas que instalaron en las casas y negocios de los alemanes a los que les daban sólo minutos para desalojar la propiedad, con las pocas cosas que podían llevar a cuestas, éstas familias alemanas fueron transportadas en vagones de carga hacia el occidente, a lo que después fué Alemania Oriental y los más afortunados llegaron hasta lo que fué Alemania Occidental. Así las pobres familias polacas se vieron favorecidas de la noche a la mañana con casas puestas y roperos llenos. Los negocios fueron los primeros en cambiar de manos. En las fábricas y minas fue algo diferente, los especialistas y trabajadores impresindibles fueron detenidos hasta que hubiera polacos capacitados para sustituirlos. Este fué el caso de mi suegro, por lo que Guenter y sus papás se tuvieron que quedar hasta el verano de 1948, mi cuñado Herbert decidió irse al occidente con unos tíos que fueron evacuados en 1946, tenía 16 años. Ya se imaginarán el temor y recentimiento que había entre polacos y alemanes en los años posteriores a la guerra, los alemanes perdieron todos sus derechos y eran tratados como gente de tercera clase, a los niños no se les permitía ir a la escuela, en las tiendas se les despachaba al último y de mal modo, todas sus cosas hasta el último alfiler pasaron a ser propiedad del estado, etc. etc. Una vez arrestaron a Guenter y a otros cuatro niños porque estaban tomando clases particulares en la casa de uno de ellos, todos tenían alrededor de 8 años, se los llevaron, el maestro adelante y los niños atrás en hilera de uno, escoltados por los dos lados por carabineros polacos. A éstas cosas desagradables se refería el padre en su sermón. Afortunadamente parece que todos están en buena disposición de hecharle tierra al pasado y tratan de entablar nuevos lazos de amistad.

Después de la misa siguió un desayuno con el alcalde de la ciudad en una de las salas de la alcaldía.

Regresaré un poco a lo de la misa solo para decir que fué misa católica. En el tiempo de los alemanes, la iglesia protestante estaba al lado de la católica, separadas sólo por una vereda que lleva al bosque, pero como ahora todos son católicos, demolieron la otra iglesia e hicieron estacionamiento, ahí fué en donde se estacionó nuestro autobús con el grupo de alemanes en su mayoría protestantes, para ir a la misa católica. Después de la misa nos llevaron a la sacristía para ver una exposición de pinturas y esculturas de artistas jóvenes locales. Desde el principio tuvimos una guía bilingüe que nos acompañó y tradujo todo durante nuestra estancia en Polonia.

Vean fotos de Friedland

En la alcaldía ya nos estaba esperando el desayuno, después de lo cual siguieron los discursos de bienvenida y de agradecimiento por parte del alcalde y del representante del grupo que fué el que organizó el viaje, acto seguido unos empleados del registro civil trajeron los libros de actas de nacimiento, matrimonio y defunción de la época alemana (antes de 1945), para que el que quisiera buscara a sus antepasados. Tenían una sorpresa para una pareja del grupo, una copia de su acta de matrimonio, pues fué la última boda que celebró el juez alemán antes de que los polacos tomaran poseción del gobierno en 1945. Después trajeron dos docenas de Crónicas de Friedland en alemán, muy bien encuadernadas, con cubiertas gruesas y letras doradas y las ofrecieron a cien marcos cada una, volaron como pan caliente y se tomaron órdenes para más copias. Guenter ya tiene la suya desde hace un año, cuando hicieron muestras para ver si había interés le regalaron una.

Yo creo que antes de seguir debo aclarar que el nuevo hobby de Guenter desde hace dos años, es la Genealogía y pertenece a un grupo de silesianos, personas nacidas en Silesia o con antepasados de esa región, que por medio del internet se intercambian información relacionada, la mayoría viven en Alemania, pero hay muchos como Guenter, que viven en el extranjero. Guenter es de los más activos, por eso ha hecho contactos con expertos en la materia y ha logrado encontrar antepasados seguros desde mediados del siglo XVII y probables desde el siglo XV. Le han regalado publicaciones como la crónica y un periodiquito mensual al que ya se subscribió y que fué en donde nos enteramos de éste viaje.

Para Guenter la alcaldía trajo más recuerdos tristes de su niñez. El 24 de Dic. de 1946, él y sus papás estaban invitados para pasar la Nochebuena con una de las pocas familias alemanas que aún quedaban en ese lugar y al pasar frente a la alcaldía, les salieron del portal unos soldados de la milicia polaca con las carabinas desfundadas, dando voces y haciendoles señas de que se tiraran pecho en tierra, lo que hicieron en seguida. Ahí se veía Guenter de 7 años, tirado en la nieve, en la mano un caballito de madera que acababa de recibir como regalo de Navidad, enmedio de sus papás y esperando los disparos que afortunadamente no sonaron. Le dieron a entender a mi suegro que mandara a su familia a la casa y que los siguiera, por poco lo matan cuando metió la mano a la bolsa del abrigo para sacar la llave de la casa, pues como en aquel tiempo las llaves eran del tamaño de las de Sn. Pedro, pensaron que era una pistola. Tal era el miedo que se tenían polacos y alemanes. Afortunadamente lo soltaron al amanecer del día siguiente.

Volvamos a lo del viaje; Ya que se acabaron las crónicas y los pasteles, el alcalde dijo que nos quería mostrar una de las obras públicas que había logrado conseguir para el beneficio de la comunidad y que después nos tenía una sorpresa.

Durante el desayuno, Guenter y yo hicimos migas con la esposa del subdelegado que habla algo de inglés y nos invitó para el día siguiente al cafecito en su casa.

En el omnibús y siguiendo los coches de la delegación, llegamos a una planta de desagüe de lo más moderno, nos enseñaron todas las instalaciones y nos informaron que el financiamiento lo obtuvieron del Banco Mundial. Yo le dí gracias a Dios cuando salimos de ahí, pues por más moderno que sea eso, no pueden eliminar los olores de cloro y otros peores y mis pobres ojos lloraron más que en la iglesia.

La sorpresa era una comida en un restaurante que está enmedio del bosque, un lugar idílico con pista para esquiar en el invierno. Llegamos tarde a la comida pues resultó que el moderno autobús era más alto que el antiguo tunel del puente del ferrocarril que teníamos que pasar. El moderno alcalde sacó su celular y ordenó que nos mandaran un camión escolar, que llegó en cinco minutos y en dos vueltas nos llevó al restaurante que ya no quedaba muy lejos de ahí. Durante la comida no faltaron los discursos y los brindis y todos estuvimos muy contentos, en el jardín encontré con sorpresa unos magueyes y palmeras, en macetones para poder meterlos en el invierno. Ahí se despidieron el alcalde y su comitiva, sin olvidarse de invitarnos al día siguiente para visitar una casa hogar para niños que acaban de construir con la ayuda de un filántropo holandés. El camión escolar nos regresó a donde se había quedado nuestro autobús, y volvimos al hotel poco antes de la cena.

Después de cenar, Guenter recibió la visita de un amigo del internet que vive ahí en Waldenburgo, aunque nunca se habían visto se saludaron como viejos amigos, iba acompañado de su esposa que es polaca. Los dos muy simpáticos y jóvenes, él alemán de 39 años y ella varios años más joven. Este señor le há ayudado mucho a Guenter buscándole datos en archivos y sacando fotos de lugares de interés para Guenter, como de la propiedad que perteneció a su bisabuelo de 1870 a 1902 y que era un negocio muy parecido a lo que tenemos nosotros (hospedaje, restaurante, sala de baile, estacionamiento para los carruajes que en aquel tiempo eran de caballos y por supuesto las caballerizas), también ellos vivían ahí y ahí fué donde nació mi suegro. Naturalmente ahorita ya está todo convertido en departamentos y bodegas y como la mayoría de las propiedades antiguas, en muy malas condiciones.

Vean fotos Zur Stadt Wien

Como él por razones de trabajo se iba de viaje, dijo que su suegro que habla algo de alemán, nos serviría de guía con su coche, el día que pensabamos separarnos del grupo para visitar lugares que no estaban en el programa.

Al día siguiente, lunes 23, fué la visita a la casa hogar, modernísima, con todo lo habido y por haber, ahí viven 54 niños huérfanos, abandonados o mal tratados por sus padres, todos en edad escolar, hasta los 18 años. Dos camiones escolares, uno de los cuales nos había dado servicio el día anterior, los llevan todos los días a la escuela. Tienen personal de limpieza, educadoras y trabajadores sociales que los atienden en todas sus necesidades. En el comedor ya nos estaban esperando con café, té y pasteles. Algunos niños se ofrecían a enseñarnos sus salones de juegos, gimnasio, computadoras, etc. y cuando vieron que Alexander andaba sacando video, se le colgaron como racimo de uvas y felices querían verse en la pantalla de la cámara.

Después de la visita a la casa hogar que no fué muy larga, nos dieron tiempo libre hasta las 4 de la tarde, a ésta hora nos tenían preparado un concierto de órgano en la iglesia. Así que cada quien tomó su caminito a los lugares que les guardaban recuerdos personales. Los cinco Boehms hicimos lo mismo. Fuimos a la casa donde nació Herbert a orillas del rio Steine y que está en regulares condiciones, no puedo decir lo mismo de la casa donde nació Guenter, pues ésa está en deplorables condiciones, pero no es la única, así hay muchos inmuebles, a los que no se les ha dado mantenimiento en 60 años, a algunos hasta vestigios de la guerra se les ven. Guenter dice que lo que tenía en la memoria era mucho más grande de lo que encontró, tal vez porque él era mas pequeño. Por supuesto en cada esquina se paraban a decirnos: Aquí era donde vivía fulano o mengano, ésta es la puerta donde estoy retratado en la carreta del lechero etc. etc. Naturalmente Herbert que es diez años mayor se acuerda de más lugares y detalles que Guenter y sus recuerdos incluyen años felices y despreocupados anteriores a la guerra, en los que les diré que no era un angelito.

Visitamos a una exvecina, más o menos de la edad de Herbert que aunque nunca salió de Friedland, por haberse casado con un polaco, siempre estuvo en contacto con nosotros y digo nosotros, porque desde que yo llegué a Alemania en 1963 oía que leían sus cartas y en la Navidad ayudaba a hacer los paquetes que mi suegra mandaba a dos o tres amistades que aun vivían allá, con víveres y ropa. Ella tiene fotos de todos nosotros que atravez de los años le ha mandado una prima de Guenter, así que nos saludó y atendió con mucho cariño y estuvimos muy contentos con ella. Como su esposo que falleció hace diez años era gerente de una compañia, quedó en buenas condiciones económicas para el standard polaco, tiene su condominio bien arreglado y bonito aunque el edificio está muy deteriorado, pues el estado les vendió los departamentos y nadie tiene idea de como administrar el inmueble.

Como a las 2 de la tarde estábamos invitados con la esposa del subdelegado, así que Alexander, Guenter y yo nos despedimos después del café y los pasteles. Al pasar por una casa grande con jardín, Guenter reconoció su Jardín de Niños, se emocionó y hasta a unos ancianitos que iban pasando les dijo que ahí había ido al Kindergarten cuando era chiquito, naturalmente no le entendían, la señora se quiso parar para escucharlo y el señor le dió de gritos y la jaló al otro lado de la banqueta. Ahí sentimos que en las personas mayores aún hay resentimiento. Pero afortunadamente fué la única vez que vimos malos modos.

Con la dirección en la mano buscamos la casa del subdelegado y cual no sería la sorpresa de Guenter al descubrir que era la misma dirección de la última casa en donde él y sus papás vivían en 1948, sólo que en vez de la casona medioeval de portales, ahora se iergue un edificio de la época socialista. También el edificio muy descuidado, pero los departamentos son amplios y las personas tratan de arreglar sus hogares lo mejor que pueden, con buenos muebles y artículos de importación. Por tercera vez en ese día tuvimos que tomar café y pasteles. Guenter pidió permiso de asomarse por el balcón de atrás y confirmó que estaba en el mismo lugar en donde vivió hace 54 años. Con invitaciones mutuas para futuras visitas nos despedimos y nos dirigimos a la iglesia para asistir al concierto que estuvo muy bonito y ésta fué la última actividad oficial con las que nos agasajaron las autoridades del lugar.

Después del concierto, todavía tuvimos tiempo de ir a dar una vuelta por el bosque que está en un cerro atrás de la iglesia, todos tenían recuerdos de éste lugar, pues era el paseo predilecto de los domingos después de la misa y el lugar en donde se escondieron con los padres católico y protestante que trataban de tranquilizarlos cuando entraron los rusos en 1945. Parecía recordarse sólo lo bonito y andábamos felices disfrutando de los paisajes y el aire fresco, recorriendo las veredas a pesar de la edad, pues les diré que Guenter y otro señor 5 años menor que él, eran los más jóvenes del grupo, sin contar oviamente a nuestro hijo. El organizador de estos viajes tiene 81 años, una pierna paralizada por una herida de guerra y una cadera artificial y andaba para arriba y para abajo como si nada. Dice que su misión es mantener vivo el recuerdo de la patria entre sus paisanos y su decendencia. Este fué su décimo y último viaje, por lo que trató de que fuera algo especial y yo creo que sí lo logró. Su preocupación ahora es de que quien va a seguir con esa tarea y yo creo que va a ser muy dificil encontrar sucesor, pues los nacidos allá ya son muy pocos y sus decendientes no pueden tener el mismo interés.

Dirán que cuanto hicimos en un día y es que todo está cerca, pués Friedland a pesar de ser ciudad políticamente desde hace más de 600 años, es muy pequeña, hagan de cuenta un pueblito pintoresco, rodeado de bosques y montañas, a la orilla de un río de regular tamaño y con no más de 6 000 habitantes.

Ya de regreso en el hotel y a la hora de la cena, llegó otro amigo de Guenter del internet que vive en Alemania e intencionalmente programó su viaje en estas fechas para coincidir con nosotros y otra vez como si se conocieran de siempre, grandes abrazos y larga plática.

Al día siguiente visitamos la ciudad de Breslau (Wroclaw) que es la capital del estado. Aquí ya se nota que el gobierno cuenta con más recursos, por todos lados hay trabajos de restauración y el centro que ya está terminado quedó muy bonito, es una ciudad medioeval con hermosos jardines llenos de flores y fuentes. En otro lugar visitamos una iglesia protestante muy grande que data también de la edad media, la construcción es de madera, sin un sólo clavo y tiene cupo para 7 500 personas.

El miércoles 25 de julio a las 9 de la mañana quedó de recogernos el suegro de nuestro amigo y como buenos europeos (ya me contagiaron), al cuarto para las nueve ya nos encontrábamos en la puerta del Hotel. Apenas estábamos viendo el cielo que se veía medio amenazador, cuando llegó nuestro guía. Ese día el grupo hizo un paseo por la República Checa (antes Checoeslovaquia), que queda como a 20 Kms. de ahí. Herbert y Elsbeth decidieron acompañar al grupo, así que Alexander, Guenter y yo, nos pusimos en manos del guía para que nos llevara a buscar los lugares en donde vivieron los antepasados de Guenter y Alexander. Primero dijo el guía que de pasada nos iba a enseñar unos lugares bonitos y nos llevó al castillo de Fuerstenstein que están restaurando y va a quedar muy bonito cuando lo terminen. Uno de los edificios adyacentes que era en donde vivían los empleados del príncipe que gobernaba esa región, ya es hotel.

Al bajarnos del coche empezó a llover, para lo que ya íbamos preparados, así que sacamos nuestros paraguas y dimos una vuelta por los jardines hasta que los truenos y relampagos nos obligaron a regresar al coche. Hicimos otra parada en Bad Salzbrunn, que es un Balneario de aguas termales, famoso desde la antigüedad, que han arreglado muy bien y que tiene clientela internacional. Después, ya con el peinado remojado, llegamos a Weissstein (no es error las 3 sss). Aquí probablemente empezó el linaje de nuestros Boehms en el siglo XV, no nos paramos, pues no sabemos que buscar en éste lugar. Llegamos a Hermsdorf, población en la que nació el abuelo de Guenter en 1868, en el seno de una familia que se volvió rica, con el allazgo de carbón en los terrenos de su rancho.

Con ayuda de un plano del lugar encontramos la calle Boehm (ahora Krezowa) y la colina o la loma de Boehm. En 1920, familiares de mi suegro vendieron la ladera del cerro al gobierno, que construyó casas para mineros y a la calle principal le pusieron Boehm. Ya no pudimos buscar el roble de 800 años, que según el plano está en el bosque del cerro de Boehm, marcado y protegido como monumento histórico, porque se soltó nuevamente el aguacero. Seguimos hacia Langwaltersdorf, lugar de nacimiento de mi suegro. El que fuera próspero negocio "Zur Stadt Wien" (hotel, restaurant, etc.) "A la Ciudad de Viena" es ahora como ya dije conjunto de departamentos y bodegas y descuidado como la mayoría de las propiedades antiguas en la parte de Polonia que conocimos. Esta construcción tiene 140 años. A pesar de la lluvia nos paramos a tomar fotos. Lo mismo hicimos con el predio del otro lado de la carretera , pues ahí estaba el rancho del otro bisabuelo de Guenter, pero ése sí ya no existe, en su lugar están dos casa nuevas con amplios jardines.

Vean Historia de la Familia Böhm

Para entonces ya la lluvia se había convertido en tormenta y todavía nos faltaba buscar el castillo (hacienda) del Capitán Gustav Adolf Boehm, tío abuelo de mi suegro, que militaba en la caballería prusiana. Esta rama de la familia se distanció por las idéas liberales del bisabuelo de Guenter que chocó con sus parientes conservadores. Tales idéas también lo llevaron a la ruina. El lugar se llama Tannhausen, aquí la tormenta había empeorado y no encontrábamos por dónde subir a la colina a donde ya habíamos devisado un muro del castillo. Por la primer vereda que encontramos no pudimos subir pues ya parecía arroyo, por la segunda que no estaba tan empinada, nos animamos con miedo de quedarnos atascados, al fín se nos presentó majestuosa, enmedio del bosque, la ruina de lo que debe haber sido un lugar muy hermoso hace 200 años. A pesar de la fuerte lluvia nos bajamos a tomar fotos y video, para ésto último tuve que acompañar a Guenter con dos paraguas, uno para mí y el otro para el aparato con Guenter, lo mismo hice con Alexander. Con sorpresa vimos que uno de los edificios a pesar de su mal estado, aun está habitado, son varios departamentos.

Vean fotos de Rittergut/Schloss Tannhausen

Cuando bajamos al pueblo, encontramos que mucha gente estaba tratando de desviar las corrientes con sacos de arena. Por la noche vimos en las noticias que hasta muertos había habido en las inundaciones. De ahí el guía nos llevó a la casa de su hija, en donde nos estaban esperando con una parrillada en la terraza, afortunadamente ahí no había llovido tanto, pero mi pelo ya parecía peluca de pequinés. Esta es una casa moderna en una colonia nueva con casas particulares muy bonitas, por lo que vimos que los jóvenes profesionistas se pueden permitir mejor standard de vida.

A la hora de la cena en el hotel todos quejandose de la lluvia que casi no los dejó bajar del autobús, ésta fué la cena de despedida y en la que el alcalde de Friedland fué el invitado de honor. Otra vez discursos, intercambio de regalos entre los organizadores y el alcalde y baile con música viva hasta las dos de la mañana.

Al día siguiente la mitad del grupo se fué con el omnibús a las montañas cercanas a caminar y los demás decidimos regresar a Friedland, lo que hicimos unos en taxi y nosotros con dos señoras que hablan polaco, tomamos el camión de pasajeros y después cada quien por su lado. Nosotros fuimos a la estación del ferrocarril que fué de donde salieron cuando los evacuaron en 1948, llevando sólo lo que podían cargar, volvimos a recorrer las callejuelas, entramos al patio de la casa donde nació Guenter, compramos lo necesario para un tentenpié y nos fuimos al bosque a comer y a admirar el paisaje, el día estaba tán bonito que se podía ver hasta los bosques en Bohemia que es la región que les dió el nombre a los antepasados de Guenter y que están en la República Checa, de donde Friedland queda sólo a 5 Kms. de distancia. De casualidad pasó nuestro autobús cuando sentados en el zocalito estábamos pensando como regresar al hotel, corrimos a pedirle un aventón y con gusto nos recogió.

El jueves 27, muy temprano salimos de regreso a Alemania. El regreso fué más corto pues ya no nos paramos mas que a dejar pasaje en diferentes lugares. Para no cansarnos mucho decidimos dormir en Rinteln y seguir al día siguiente con el coche.

Hemos viajado mucho, pero éste fué un viaje muy especial. Para mi fué imponente acompañar a un grupo de personas que se aferran a la patria que se les arrebató por la fuerza, que comparten recuerdos trágicos y desvastadores y que se esfuerzan por revivir momentos felices en cada lugar que van pasando. Es enternecedor ver cómo se tratan como si fueran familiares y ver la alegría que experimentan cuando descubren que ya se habían conocido en el pasado. Por medio de mi esposo y mi cuñado, yo me sentía parte de esa extensa familia. Ahora puedo hacerme una imagen de las anécdotas que mi suegra me platicaba, pues Guenter apenas hace diez años que empezó a platicarnos con trabajo de su niñez. Otra parte interesantísima de éste viaje fué la busqueda de antepasados. Estar parada en el patio donde jugaba mi suegro, recorrer la calle Boehm sabiendo con certeza documentada que se llama así por la familia de mi esposo, así como la loma del mismo nombre e imaginarse como sacaban el carbón, es algo indescriptible.



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